La poesia española de posguerra


contienda nacional vivida a principios de los años 30, la poesia española de posguerra arroja lo que se dio en llamar poesía arraigada y desarraigada, representada por dos grupos bien distintos de autores y sus obras principales
. Y como no cabía esperar de otra manera, una vez más los dos bandos del conflicto más devastador de la Historia Moderna de España se decantan por una toma de conciencia al lado de posturas políticas y sociales enfrentadas igualmente.

Por un lado los autores favorables al régimen que obtuvo la victoria, se afanan en presentar una España idílica que poco tenía de veraz tras la guerra. Los valores de la moral católica son ensalzados, así como la familia y el dogma. Las revistas Escorial y Garcilaso agruparían a estos poetas que preferían evadirse con temas etéreos pero también sobre Dios como el creador. Los temas tienden a la banalización y a ensalzar sentimientos como el amor y la belleza, con una vuelta a los clásicos renacentistas y la poesía preciosista de Garcilaso, autor que dio pie a que muchos de estos poetas se denominasen garcilasistas.

Su ausencia de compromiso social y la voluntad de alejarse de una realidad ciertamente devastadora, les agrupó en el bando que representarían Leopoldo Panero, Dionisio Ridruejo, Luis Rosales o Luis García Nieto. Sin embargo, Luis Rosales con su obra La Casa Encendida, daría un paso hacia el otro grupo calificado de poetas desarraigados.

Bajo la revista Espadaña, fundada por los poetas Victoriano Crémer y Eugenio de Nora, Dámaso Alonso o Vicente Aleixandre, ambos famosos por formar parte de la Generación del 27, destacarían con sus obras “Hijos de la Ira” uno y “Sombra del Paraíso” el otro y en el mismo año 1944, como poetas desarraigados que no abandonan la figura de Dios, pero con un enfoque radicalmente opuesto. La soledad, la angustia existencial y el miedo, son elementos comunes también a toda la literatura europea que se crea tras las Guerras Mundiales y en España, también con el mismo telón de fondo.

Y aunque la mayoría de estos poetas evolucionarían hacia la poesía social con el tiempo, son Gabriel Celaya, José Hierro y Blas de Otero, además de José Luis Hidalgo, Leopoldo de Luis y Vicente Gaos, los exponentes de esta corriente lírica menos preciosista, más preocupada por el contenido que por la métrica. Emplearon estilos más directos, el verso libre pero también el soneto y rescataron estrofas populares. Ligados inexorablemente a estos poetas hay que recordar a los que se exiliaron y que son Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, León Felipe, Luis Cernuda, Pedro Salinas, Jorge Guillén o María Zambrano. El tema de España y el destierro serían el eje transversal de sus obras.

 poesia española

Luzando. La novela de Paco Peñarroya

Os traemos la entrevista que realizó hace unos días Monika Rendón a Paco Peñarroya en el programa Hoy por Hoy de Cadena Ser Villena en relación a la publicación de su novela Luzando.

 

Luzando la novela de Paco Penarroya

 

Hablaron sobre el libro, sus personajes, la promoción, cómo fue el proceso literario para escribirlo… Además ¡parece que Monika Rendón es otra lectora que se ha enamorado de Luzando! Leer más Luzando. La novela de Paco Peñarroya

Distintos tipos de personajes literarios

Los textos narrativos del género novela incluyen siempre una serie de personajes en torno a los cuales gira el argumento de la obra. Y como todos sabemos, los personajes literarios no tienen por qué ser reales sino que son eso, creaciones literarias o personajes ficticios a los cuales se les da vida en el seno de la producción, ya sea novela o teatro como los dos grandes géneros donde los personajes son los protagonistas.

Y como hay pocas obras de la narrativa, y por supuesto ninguna en ningún dramaturgo desaparecido o viviente que prescindan de los personajes y los sustituyan por naturaleza, ciencia o sentimientos aislados sin que pertenezcan a alguien. Lo cual viene siendo materia de ensayo, tratados y otros géneros ajenos a la ficción, los protagonistas, los personajes, son el eje de la trama. Cuando no, son la trama en sí misma e incluso podemos encontrarnos con tan solo uno y con un monólogo como argumento, como ocurre con “Cinco horas con Mario” del castellano Miguel Delibes.

Pero aunque podría hablarse de diferentes adjetivos para describir el tipo de personajes que dan vida a una obra, los más claros se hacen distinguir entre personajes redondos, que son aquellos que no siempre coinciden con los principales o de relieve pero a menudo sí, y cuya naturaleza psicológica se construye para dar entidad, a veces contradictoria, al conjunto de la pieza. Por contraposición están los personajes planos, cuyo carácter se mantiene por igual durante el desarrollo de la misma.

Se habla de personajes dinámicos o evolutivos como una diferenciación de los principales, que como su propio nombre indica, llevan el peso del argumento. En los dinámicos, su trayectoria psicológica dentro de la obra se va modificando desde el comienzo hasta descubrir un personaje que se ha ido transformado psicológica y conductualmente en otro al final de la misma. Al contrario de los estáticos, ideados con una misma personalidad y acción desde principio a fin.

Sin lugar a dudas, los personajes principales son los que desarrollan la acción y configuran el mensaje que transmite la obra. Pueden ser uno o varios, incluso en modo coral como apreciamos en obras donde se exponen numerosos ejemplos de vidas, conductas y mensajes alternativos, superpuestos o simplemente expuestos ante el lector a modo de micronarrativas con lazos de unión o sin ellos. Los secundarios colaboran con los principales sin aspirar a serlo, pero dan sentido a sus acciones y profundizan en el significado general.

personajes literarios

De oficio, escritoras.

escritoras

Las escritoras nos han dado algunas de las mejores novelas, relatos, poemas o ensayos que se han escrito. Pero esta clase de reconocimiento no se hace fácilmente a las mujeres. Durante siglos las escritoras han tenido que pelear no sólo porque sus trabajos sean valorados o publicados, si no por el acto primero de escribir y el acceso a la educación. Muchas tuvieron que usar nombres de hombres y seudónimos, firmar simplemente con las iniciales o permanecer totalmente en el anonimato. Pero gracias al trabajo y la lucha de todas ellas se ha ido abriendo una brecha en el camino para aquellas mujeres que quieran dedicarse a esta profesión.

De entre algunas de las liberales que rompieron moldes y cambiaron la historia de la literatura con su técnica y maestría podemos mencionar a las británicas Emily Dickinson en el siglo XIX o Virginia Woolf en el XX. Por inspirar a otras mujeres a hacer lo mismo citaremos a las también británicas Agatha Christie y JK Rowling, quienes además acercaron la lectura al gran público y cuyas obras han sido unas de las más traducidas de la historia.

En la historia de America nos encontramos con  Harper Lee o Alice Walker cuyas obras se han ganado un puesto de honor los clásicos, pero que en su día supusieron toda una declaración de rebeldía y critica. En el caso de la  latinas no podemos dejar de mencionar a Gabriela Mistral, Laura Esquivel o Isabel Allende.

Y en casa no podemos olvidarnos (como lo ha hecho la historia) de “la otra” Generación del 27, la de las SinSombrero que no eran solo literatas si no que participaron en las vanguardias artísticas y en la política. Las escritoras del Realismo Social de los 40 y 50 como Carmen Laforet y Ana María Matute si que sería más reconocidas, igual que las escritoras más contemporáneas como Rosa Montero, Carmen Posadas, Almudena Grandes, Maruja Torres o Lucía Etxebarría.

Aún así en los premios más importantes de la literatura como son el Nobel o el Pulitzer el porcentaje de premiadas es notoriamente bajo. En el caso del primero solo un total de 14 sobre 100 y de las cuales 13 han sido en los últimos años. Lo mismo sucede con los premios nacionales como el Premio Planeta o el Nadal, donde el despuntes de ganadoras se empezó a producir hace relativamente poco.

Queda un largo trayecto para que el talento se reconozca antes que el genero, pero una de las maravillas de la escritura es su perdurabilidad a través del tiempo. Por eso a través de sus obras podemos volver a escuchar las voces que tiempo atrás no se supieron reconocer.

¿El mejor homenaje para el Día de la mujer? Leerlas.