Distintos tipos de personajes literarios

Los textos narrativos del género novela incluyen siempre una serie de personajes en torno a los cuales gira el argumento de la obra. Y como todos sabemos, los personajes literarios no tienen por qué ser reales sino que son eso, creaciones literarias o personajes ficticios a los cuales se les da vida en el seno de la producción, ya sea novela o teatro como los dos grandes géneros donde los personajes son los protagonistas.

Y como hay pocas obras de la narrativa, y por supuesto ninguna en ningún dramaturgo desaparecido o viviente que prescindan de los personajes y los sustituyan por naturaleza, ciencia o sentimientos aislados sin que pertenezcan a alguien. Lo cual viene siendo materia de ensayo, tratados y otros géneros ajenos a la ficción, los protagonistas, los personajes, son el eje de la trama. Cuando no, son la trama en sí misma e incluso podemos encontrarnos con tan solo uno y con un monólogo como argumento, como ocurre con “Cinco horas con Mario” del castellano Miguel Delibes.

Pero aunque podría hablarse de diferentes adjetivos para describir el tipo de personajes que dan vida a una obra, los más claros se hacen distinguir entre personajes redondos, que son aquellos que no siempre coinciden con los principales o de relieve pero a menudo sí, y cuya naturaleza psicológica se construye para dar entidad, a veces contradictoria, al conjunto de la pieza. Por contraposición están los personajes planos, cuyo carácter se mantiene por igual durante el desarrollo de la misma.

Se habla de personajes dinámicos o evolutivos como una diferenciación de los principales, que como su propio nombre indica, llevan el peso del argumento. En los dinámicos, su trayectoria psicológica dentro de la obra se va modificando desde el comienzo hasta descubrir un personaje que se ha ido transformado psicológica y conductualmente en otro al final de la misma. Al contrario de los estáticos, ideados con una misma personalidad y acción desde principio a fin.

Sin lugar a dudas, los personajes principales son los que desarrollan la acción y configuran el mensaje que transmite la obra. Pueden ser uno o varios, incluso en modo coral como apreciamos en obras donde se exponen numerosos ejemplos de vidas, conductas y mensajes alternativos, superpuestos o simplemente expuestos ante el lector a modo de micronarrativas con lazos de unión o sin ellos. Los secundarios colaboran con los principales sin aspirar a serlo, pero dan sentido a sus acciones y profundizan en el significado general.

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